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La verdadera misión. Maternidad de Perla

Posted by Lorena Siqueiros on Jul 1, 2016 7:42:42 AM

Soy Perla, cinéfila, lectora y ahora orgullosa mamá de Mateo.

Fui una niña a quien no le gustaban los muñecos, no jugaba a la mamá y al papá y ni siquiera disfrutaba de hacer la "comidita".

Durante tres décadas nunca concienticé si un día sería madre.

Cada etapa de mi vida: la académica, la profesional, la de ocio, la familiar, cubría mis satisfacciones, por lo que no me daba la oportunidad para pensar en descendencia.

Laboralmente me entregaba en responsabilidad y compromiso, más aún cuando asumí que lo que hacía aportaba un granito de arena a la humanidad. Aunque ciertamente lo disfrutaba, me convertí en una adicta al trabajo. Vacié toda mi energía, pasión y concentración -hasta en tiempos de descanso-, por hacer lo que consideraba mi misión en la vida: fomentar la lectura en la República Mexicana.

Al mismo tiempo mis contemporáneas comenzaban a reproducirse y aunque celebraba a los nuevos integrantes, seguía sin propios deseos maternales. Incluso pedí perdón a mi mamá porque su única hija no la haría abuela.

Entonces en un periodo de relajación, sucedió: Reynaldo-amor-Mateo. De pronto todo se volvió azul, me ocupaba la emoción de la llegada de un nuevo ser, uno mío, uno nuestro.

Sin embargo, aún embarazada mis días laborales terminaban a las 9 o 10 de la noche, me preocupaba cómo quedarían los pendientes durante los rigurosos tres meses de licencia por maternidad. La gente que me rodeaba garantizaba que regresaría a trabajar renovada después de dejar a mi bebé en la guardería, decían: "eres tan hiperactiva que jamas podrías dedicarte al hogar", "tener un hijo no significa que dejes de crecer profesionalmente y ya no hagas lo que te gusta", "no vas a querer que tu bebé tenga una mamá frustrada por sólo dedicarte a él, ¿verdad?”.

Hasta mi último mes y por órdenes médicas (el desgaste físico nos ponía en peligro) fui a descansar y a concentrarme en la llegada de Mateo. Cuando lo conocí sentía la emoción y la alegría que conlleva el traer a la vida, en carne y espíritu, a un precioso ser.

Pero día a día, al conocernos, al identificarnos, el lenguaje del amor me lo dijo…

No podía estar lejos de esa mirada intensa, de esa sonrisa perfecta, de esos brazos tiernos y exploradores, del descubrimiento diario, porque sí, la maternidad es la aventura más bella y franca en la que me he embarcado.

Fue así que con el apoyo del amoroso papá, decidí no regresar a trabajar, afortunadamente hay muchos guerreros en la lucha y es posible que un día retome el camino, pero hoy mi deseo es otro.

Con regularidad mis allegados primero me felicitan y después preguntan ¿estás trabajando?, cuando respondo que no porque decidí disfrutar de Mateo, se hace un silencio y recibo después un condescendiente "qué bueno, es lo mejor”.

Desde hace 8 meses despierto agradeciendo a la vida y celebrando la decisión más sabia que he tenido, estar con mi pequeño y mi más grande maestro, Mateo.
En él está lo que más necesito, él es mi responsabilidad, mi más grande pasión, mi manera de aportar a la humanidad, mi verdadera misión.

Perla Graziella García

 

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