Papaki Yoga

csectionbirthphotography.png

 

Soy Ana y si, viví 2 cesáreas que no quería.

Posted by Lorena Siqueiros on Jun 12, 2016 8:18:33 PM

 

Soy Ana, y mis dos grandes amores. Nacieron gracias a que literal, fui partida a la mitad.....te cuento.

 

Dicen que las mejores reflexiones o pensamientos del corazón, salen sin mucho planearlo.

Hoy, después de meses de tener este pendiente en mi escritorio, tratando de encontrar las palabras adecuadas para abordarlo. Y después de tomar como inspiración, la bella noticia de que una hermosa bebé llegó a este mundo hoy de la manera más idílica.

Me pongo valiente, para recordar mi experiencia con la cesárea y a través de estas líneas, compartir y ayudarme a seguir cerrando y sanando heridas que físicamente y emocionalmente, duelen de la manera más amorosa.

Cuando me embaracé de Danny, al ir corriendo las semanas de gestación y acercarse el momento del nacimiento, creo que nunca tuve muy claro, que quería un parto. Es decir, lo pensaba, se me antojaba pero muy en el fondo lo temía también. Por no estar todavía muy familiarizada con el tema de los bebés, los embarazos, los nacimientos, etc.

Solamente, pensaba que sería “como tendría que ser”, lo que si tenía clarísimo, es que yo no tendría una cesárea programada. Eso si no. Quería que mi cuerpo y mi bebé, decidieran lo que tendría que pasar....

Al llegar a la semana 41 con 3 días, y después de todo un embarazo donde la sombra de una pérdida previa estuvo presente. Las cartas empezaron a ponerse en la mesa. Y junto con todos los comentarios y temores de toda la gente a mi alrededor. Comencé a abrazar la idea de que “tendrían que arrancarme a mi bebé de las entrañas”, porque no parecía que las cosas fluyeran.

Recuerdo a mi doula, Bety, que con todo su amor, me acompañó en ese día que nació mi bebé, haciéndome sentir que ella era la única persona que estaba de mi lado. Porque para ese momento, ya todos (yo sentía) estaban en mi contra. Y en ella encontré la comprensión de pedir una hora más, dos horas más....de esa oxitocina que me pasaban vía intravenosa, esperando que algo empezara.

Recuerdo decirle, entre lágrimas, que tal vez lo que mi bebé necesitaba era una pequeña señal, un pequeño empujón, y él lo haría. Que sabía como hacerlo.

Recuerdo, que con el paso de las horas y la presión cada vez más fuerte. Ella fue mi consuelo al decirme, tal vez sólo necesitabas más horas tú, para aceptarlo ¿no crees? Y tenía razón.

Yo, moría de miedo al pensar en cualquier intervención quirúrgica, solo me habían quitado las anginas cuando tenía 5 años. Pero después de llegar a las 8 de la mañana al hospital y ser las 2 de la tarde sin señal alguna. Entre a mi cirugía sin temor y decidida a salir con mi bebé en los brazos. Convencida de que me había transformado en una mujer valiente Gracias a él.

Esa cirugía, fue como jamas lo hubiera pensado. Sin dolor alguno. Bety me acompañó y me arropó de una manera increíble. Confirme lo que tanto escuche en todo el embarazo, necesitas más una doula en una cesárea que en un parto natural.

No sentí la epidural, no sentí lo helado del quirófano, nunca me sentí sola, no sentí miedo de que algo podía pasarme. Ella y mi esposo me hicieron sentir segura y acompañada.

La recuperación fue increíble, mi herida cerró de maravilla, todo muy rápido y nunca  sentí todo eso que cuentan sobre lo complicado del postoperatorio.

Físicamente me repuse muy rápido. Emocionalmente, y en ese postparto que nos trae tantos y tantos aprendizajes. Noté y aprendí a bendecir algo que siento no decidí  conscientemente del todo.

Escuché a mi familia, escuché a mi doctor, escuché a mi esposo, pero al ir avanzando en los días y meses, aprendí a mirarme al espejo y a aceptar que decidí por omisión. Sentí que debía dar gracias por algo que no pedí, pero también por algo que no supe defender. Vivir mi propia experiencia, por miedo a que le pasara algo a mi bebé.

Al año 7 meses de tener a mi primer bebé, me enteré muy felizmente de que estaba de nuevo embarazada. Supe desde el primer momento que ese embarazo sería diferente en todos los sentidos.

Cambie de ginecólogo, decidí leer más. Estudiar más y poco a poco procurarme la seguridad que necesitaba.

Pero cada nene es diferente, y si, mi pequeño Renato, desde las 12 semanas hizo sentir que él se haría notar y cuidar costara lo que costara.

Después de mandarme a la banca por una amenaza de aborto, regrese a mis actividades mínimas sin riesgo. Disfrutando ahora en esta nueva aventura, de la compañía  de un pequeño corredor por toda la casa, el hermano mayor.

Esta vez, más consiente de todas las situaciones. Veía en el horizonte el parto como mi meta. Me empeñaba en comentar con mi Gine y mi doula, la posibilidad de que el parto fuera la opción, número 1. Ambas me pedían diéramos tiempo a las semanas.

Al hacer el ultrasonido estructural del tercer trimestre, la Doctora tuvo a bien informarme que mi bebé venía de nalgas, y que por las semanas que tenía no sería posible un parto natural. Ahí, lo reviví todo. Mi miedo se materializó, y realmente comprendí que nunca trascendí todos esos sentimientos que tuve en mi primera cirugía

“que mi cuerpo no servía, que me iba a pasar otra vez, que no era posible que no pudiera lograr partir a mis hijos”

Me dediqué a buscar toda la ayuda alternativa posible, ejercicios de yoga, acupuntura, terapia para desbloquearme emocionalmente todo. La idea era poner a ese bebé en la posición correcta, y yo sentirme “lista”.

A la semana 36 empecé a tener sensaciones que en mi primer embarazo nunca sentí. Pero con la amenaza de aborto, cualquier movimiento era reportado a mi Gine. Me indicó aquella vez tomar un medicamento para que si no estaba listo aún, esperara una semana más en mi panza y se considerará un bebé de término.

Debo confesar que al tomar la medicina lo primero que pensé fue, ¿y si lo detengo y después ya no quiere salir?

Y pues si, a la semana 41 más 4 días y después de 3 días de las contracciones más amorosamente intensas, me enfrenté a la realidad de que de nuevo sería cesárea. Esta vez con la certeza de que no sólo mi Doula, sino mi Gine estaban “de mi lado” y sin intención de presionarme.

Pero ¿porqué el llanto? ¿Porqué el temor? Porque sentía de nuevo ese vacío al sentir que lo estaba haciendo mal otra vez. Esta vez si había contracciones, ¿pero porque no había avance? ¿Porqué no podía orientar a mi bebé?

Lore, mi doula. Me dijo bellas y Dulces palabras y reflexiones que me ayudaron a aceptar mi realidad con paz, no con felicidad, pero si con paz.

Me acompañó en cada momento, hizo que mi cesárea fuera una cesárea humanizada, el cordón de Renato no se cortó hasta que dejó de latir y aún sin limpiarlo de toda la sangre, él fue puesto sobre mí para sentirnos unidos  desde el primer momento.

Fue una experiencia maravillosa, distinta a la de Danny. Incluyendo la recuperación y la lactancia. Ambas, me costaron todo ese trabajo que cuentan esas terribles historias urbanas. Y desde el dolor mi herida se abrió de nuevo.

Hoy, a casi nueve meses de esa segunda experiencia. Me agradezco el seguir viva!

El ser una mujer tan fuerte, más que ninguna ayudante de mago, por haber sido cortada 2 veces por la mitad.

Hoy, intento perdonarme por algo que no sé exactamente qué es. Estoy en el camino a reconocer y nombrar todos esos sentimientos que trajeron las experiencias más intensas de  mi vida: amor, terror, dolor, felicidad, cobardía, valentía, agradecimiento, reproche.

Además de aceptar, que compartir mis experiencias y darme permiso de exponerme en  espacios como “un cierre de nacimiento” pueden ayudarme a aprender a vivir con las decisiones de nacimiento de mis hijos.

Con amor

Ana 

Topics: Parto, Nacimiento, Cesarea

 
Agenda tu clase muestra
 

Recibe información de nuestro blog y actividades

Posts más recientes

Horarios de Oficina

Martes a Sábado

Martes: 9am-1pm  y  2:30pm-9:30pm

Miércoles: 9am-1pm  y  2:30pm-6pm

Jueves: 9am-1pm  y  2:30pm-9:30pm

Viernes9am-1pm  y  2:30pm-6pm

Sábado: 9am-3pm

 

Horario de Atención Telefónica

Lunes a viernes: 9am-9pm

Sábado: 9an-3pm